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Fe en un lado, conexión con la tierra en el otro. Una cruz de ónix negro ocupa el centro de esta pulsera, sujeta por una resistente banda de macramé negra pensada para llevarla a diario. El ónix se ha asociado desde hace mucho tiempo con la protección y la estabilidad interior, y la cruz aporta guía, gracia y amor divino.
Póntela con el cierre magnético y llévala puesta durante el trabajo, los viajes o las mañanas tranquilas.
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