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La energía estancada se disipa y la mente, el cuerpo y el espíritu vuelven a equilibrarse. La turquesa aporta serenidad, comunicación clara y firmeza, mientras que el ónix negro brinda arraigo y protección. Una Mano de Hamsa los acompaña como símbolo de paz, para que esta pulsera te ayude a volver a tu centro con calma, claridad y estabilidad.
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